Dársena para coger el bus aJyväskyläDársena para coger el bus aJyväskylä

Resumen

  • El vuelo de Madrid a Helsinki dura cuatro horas y Finlandia va una hora por delante de España. Desde el aeropuerto sale el autobús de FlixBus (línea 1206, dársena 15), que llega a Jyväskylä en unas tres horas y media.
  • Conviene llevar el billete impreso: el lector de códigos QR del conductor no funcionaba.
  • Primer intento de hablar finés en la cafetería del aeropuerto: quiso pedir un café con leche y un korvapuusti y acabó con lihapullat y un depósito de café solo para cinco personas.
  • Llegada de noche a la estación multimodal, con la grava antideslizante todavía esparcida por las aceras y montones de nieve sin derretir. El apartamento queda a diez minutos a pie.
Welcome to Helsinki
Welcome to Helsinki

La llegada a Finlandia

El vuelo de Madrid a Helsinki dura 4 horas y llegué un poco antes de las 15 horas; hay que darse cuenta de que en Finlandia es una hora más que en España. Después tendrás que coger un transporte a Jyväskylä. Yo, por comodidad, elegí el autobús, cuya dársena está nada más salir del aeropuerto, la 15, con la compañía FlixBus.

La señalización es muy clara, sencilla y sin redundancias, tanto para recoger las maletas como para salir del aeropuerto y localizar la parada del bus, en este caso la línea 1206, que pasa por Jyväskylä y finaliza en Kuopio.

Para hacer tiempo, antes de salir, me metí en una cafetería dentro del aeropuerto, y se me ocurrió arrancarme con el finés, así, directamente. Quise pedir un café con leche de tamaño normal con un korvapuusti y acabé pidiendo lihapullat con musta kahvia. Corregí como pude, pero acabaron sirviéndome un extraño bollo y un enorme depósito de café para 4 ò 5 personas, a mí, que no tomo cafeína ni por asomo. Supongo que la camarera pensaría que, si no era capaz de pedir una cosa tan sencilla, no tendría valor para quejarme.

Una señora mayor, un poco desarreglada que esperaba también el bus. me dirigió algunas palabras que no entendí y le dije En ymmärrä suomea, por ser algo amable y eso de practicar … pero me soltó algo desagradable en finés y siguió diciendo en español: “y si no, te mando a la mierda”. Tal vez una habilidad adquirida en sus tiempos mozos en Fuengirola.

En el autobús a Jyväskylä

El conductor no hablaba apenas finés ni inglés, pero fue amable y nos entendimos enseguida: todas las maletas hay que dejarlas en el maletero. El lector de códigos QR no le funcionaba, aunque afortunadamente había impreso el billete, una precaución que vosotros tampoco debéis pasar por alto, vayáis donde vayáis.

Mi autobús salió a las 17:30 y llego a la estación combinada de Jyväskylä a las 21:05, justo iniciada la noche. Un viaje cómodo que nos llevó por autopista y carretera a través de Tuusula, Lahti y Heinola, con los monótonos paisajes de pinos silvestres, abedules y piceas jóvenes, nada de bosques naturales maduros, pues son como las plantaciones de trigo o girasoles en España, aunque allí simplemente dejan que crezcan.

Llegando a Jyväskylä ya empezamos a cruzar por puentes, lago tras lago y hasta vi algún cisne cantor, el animal emblemático de Finlandia. Todo lo demás eran cornejas cenicientas.

Estación multimodal de Jyväskylä
Estación multimodal de Jyväskylä

La llegada a una nueva ciudad

La estación de autobuses estaba ya a oscuras, con los locales cerrados y los aseos son con contraseña; con la urgencia no me detuve en averiguar cómo se entraba, y me fui directamente al Burger King de la gasolinera de enfrente, donde cené y luego me encaminé andando hasta el apartamento, apenas 10 minutos por las aceras asfaltadas y llanas. Aún estaba esparcida sobre ellas algo de la grava que se usa en el Norte para evitar los resbalones cuando hiela. Y es que el frío aquí no ha terminado aún. Unos cómodos 10 grados que bajarían hasta unos pocos bajo cero durante la noche. Los montoncitos de nieve mezclada con grava aún estaban acumulados en un colegio cercano.

Me esperaba en la calle el padre de la propietaria, un hombretón muy amable y agradable que tampoco sabía inglés, y que me ayudó con la maleta. Así que tuve la ocasión de practicar algo más que pedir en las cafeterías, sin más riesgo que su opinión.

Me indicó dónde podría comprar comida cerca de allí, en un supermercado bastante bien surtido -y muy caro para los estándares de Madrid- que cerraba a las 23 horas.

Así que, bien preparado, encaré el fin de semana antes de que comenzaran las clases el lunes. Ya me imaginaba grandes aventuras de fin de semana caminando por los bosques o conociendo la vida nocturna, pero todo resultó mucho más prosaico.

De momento, tocaba descansar.

Nota sobre las fotografías: salvo que se indique otra cosa en el pie, todas las fotografías fueron tomadas por el autor el mismo día del que trata el artículo, en los lugares que se mencionan.

Nota: las marcas y empresas citadas no tienen ningún interés comercial o económico en este artículo; sólo se describe la experiencia del autor.

Artículo original en: jyvaskyla-erasmus.blogspot.com

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