Cómo sobrevivir en Finlandia

El festival de cine latinoamericano CINEMAISSI invitó en su primera edición, celebrada en 2005, a los directores Fernando Pino Solanas (Argentina, en la foto con sus intérpretes Teija Potenze y Heidi Lipsanen) y Eduardo Cabellos (Perú). En el 2013 el festival recibió cinco invitados y vendió siete veces más entradas.

Y el día tenía que llegar. A la misma hora hay un concierto del coro en la Biblioteca Kymmenen y una discusión sobre la obra de Borges en la librería Arkadia y uno no sabe a dónde ir.
Después de muchos años de esfuerzos, los inmigrantes latinoamericanos residentes en Helsinki hemos creado una diversidad de canales de participación que nos permiten compartir múltiples intereses… o según como se lo mire, nos permiten paliar las dificultades que encontramos para incorporarnos a la sociedad finlandesa.

 

Todo empezó con los chilenos

Los refugiados que pudieron exiliarse de la dictadura de Pinochet en 1973 constituyeron el primer grupo de extranjeros en la Finlandia de postguerra. La mayoría venía del movimiento político, sindical o estudiantil, por lo que tenían experiencias de organización y una gran nostalgia del país que se habían visto obligados a abandonar. Con la ayuda del gobierno socialdemócrata, fundaron varios espacios solidarios, políticos, culturales y deportivos, entre los que se destacó el Club Infantil Gabriela Mistral, que después de algunos años comenzó a aceptar niños de otros países latinoamericanos.

Sábado tras sábado, mientras nuestros hijos aprendían música, castellano y artesanías, los padres arreglábamos el mundo tomando el fresco en la vereda. En esas charlas decidimos en 1986 fundar el Centro Cultural Latinoamericano.

Durante muchos años el centro fue un foco de difusión de la cultura latinoamericana entre los finlandeses, y un canal de expresión para artistas, intelectuales y no tanto residentes o de paso por Finlandia. Conferencias y debates, conciertos y fiestas, funciones de la compañía de teatro latinoamericano de Estocolmo, cursos de español, de bailes, exposiciones, centenares de eventos de pequeña y mediana escala, fueron plataforma para la formación de otros grupos más específicos y organizados. Ingresaron en el terreno de la leyenda los «karaokes en vivo», con la tecnología de un guitarrista que tocaba lo que se le pedía y una colección de más de cien transparencias conteniendo boleros, tangos y rancheras que se proyectaban en la pared,

De las tertulias al cine

Hace unos quince años el centro organizó en un sombrío local barrial que se consiguió prestado tres encuentros en los que los hispanohablantes aficionados a las letras residentes en Helsinki leían fragmentos de sus obras, unos músicos amenizaban la velada, y todos llevábamos cerveza y sándwiches para compartir. De estos encuentros nació la «tertulia», un grupo que hasta hoy se reúne una vez por mes para discutir de literatura, política, sociedad o bueyes perdidos.

Una directora coral que llegó casada con un finlandés fundó el Coro Latinoamericano, que incorporó a muchos latinos y no latinos. Mientras tanto se habían armado varios equipos de fútbol y excelentes conjuntos de música folclórica. Una pareja chileno-peruana con muy buena mano para la cocina y el folclore y dos corazones alegres y generosos, aglutinó a un numeroso conjunto de latinos de todas las edades que desde hace más de diez años organiza masivos encuentros sociales donde no falta la buena música y un auténtico espíritu comunitario.

A la salida de una de esas funciones de cine que organizábamos con videos en salas que nos prestaban escuelas y facultades, Laura tiró sobre la mesa la idea de hacer un festival de cine, y así nació Cinemaissi, el festival de cine latinoamericano de Finlandia que se ha convertido en uno de los fenómenos culturales y sociales de Helsinki.

Cinemaissi rompió todos los esquemas

Los organizadores de Cinemaissi 2013 con dos de sus invitados: el padre Alejandro Solalinde (Mexico), valiente defensor de los derechos humanos, y el cineasta indígena Eriberto Gualinga (Ecuador), responsable de registro audiovisual de la tribu amazónica Sarayaku.

Los organizadores de Cinemaissi 2013 con dos de sus invitados: el padre Alejandro Solalinde (Mexico), valiente defensor de los derechos humanos, y el cineasta indígena Eriberto Gualinga (Ecuador), responsable de registro audiovisual de la tribu amazónica Sarayaku.

Empezamos con una muestra de documentales especialmente de contenido político y social. Ocho años después tenemos un festival anual regular con unas 35 películas entre cortos y largos, ficciones y documentales, una variedad de eventos paralelos y un maravilloso programa interactivo para niños que se ha extendido por los barrios. Este año tuvimos cinco invitados de Argentina, México, Ecuador y Gran Bretaña, y casi cinco mil espectadores y participantes. Creo que lo que hace especialmente atractivo a Cinemaissi es que hemos suplido la falta de recursos materiales con grandes dosis de inventiva criolla y un elevado espíritu de trabajo voluntario y solidario, siendo como somos, lejos de la autocompasión, del pintoresquismo y de los lugares comunes. El ambiente no es el de esos modernos eventos de plástico y neón, sino que parece un grupo de amigos, latinos y finlandeses, que invita a otros amigos a su casa a ver películas. Siempre está latente la sensación de que puede pasar cualquier cosa.

Pero Cinemaissi no es un festival livianito sino un proyecto cultural que procura mostrar con sinceridad las distintas realidades de nuestro continente en un país donde la televisión puede mostrar dos películas latinoamericanas por año, y el circuito comercial una cada dos años. Tratamos de destruir los estereotipos que casi parecen inevitables cuando se debe definir cualquier cosa con pocas palabras. «América Latina es un continente bello y exuberante con gente caliente y grandes diferencias sociales» puede ser una definición aproximadamente acertada, pero nosotros tratamos de mostrar mucho más que eso. Nuestro festival exhibe películas que acompañan la evolución de América Latina, que la promueven y que la registran, ficciones y documentales que tratan sobre amores y luchas, dramas y emociones, sobre héroes y villanos, víctimas y verdugos, pero todas ellas con referencias a la sociedad, a la identidad cultural, étnica o sexual, a la historia, al arte, las religiones y creencias, la inmigración y la emigración y la explotación. No se asusten; muchas de ellas tienen final feliz.

Y mucho más

No quiero olvidarme de los programas de radio en español, de la guardería Mi Casita, de los tríos, cuartetos y quintetos que han armado los estudiantes latinos del conservatorio Sibelius, de las escuelas de samba, de la academias de salsa y rumba fundadas por caribeños, de la movida cultural orquestada alrededor de la librería Arkadia, de los disc-jokeys que manejan sus clubs en varias discotecas. Y me refiero sólo a las actividades del mundo real y abiertas a la participación de latinos y también de finlandeses. En internet proliferan blogs, otros grupos basados en Facebook, foros de opinión y discusión en distintas plataformas y sobre distintos temas.

Del cuarteto de cuerdas al baile de las sirvientas

A Tres Fuegos es un trío de música latinoamericana integrado por Camilo Pajuelo (Perú, guitarra), Tristana Ferreyra (Argentina, voz) y Grisell Macdonel (México, contrabajo).

A Tres Fuegos es un trío de música latinoamericana integrado por Camilo Pajuelo (Perú, guitarra), Tristana Ferreyra (Argentina, voz) y Grisell Macdonel (México, contrabajo).

Habiendo participado en la fundación, la gestión y la dirección de muchas de estas iniciativas, creo que la importante participación de los inmigrantes obedece a dos motivos principales: en primer lugar la necesidad del contacto social, la nostalgia de la propia cultura, de charlar, cantar, bailar, comer y beber juntos, la creación de redes sociales de contención, que no sólo significan hacer amigos, establecer parejas y hasta fundar familias, sino también conseguir un trabajo, el teléfono de un abogado o un traductor, averiguar algo sobre la familia del engominado que está saliendo con nuestra nena o encontrar alguien que te explique en tu idioma cómo funciona ese maldito teléfono que compraste por internet. Para muchos músicos, escritores, pintores, bailarines u otros artistas, estas actividades también han sido una vía de acceso al público y en muchos casos a los escenarios culturales finlandeses.

Pero creo que el camino no está agotado. La mayoría de los grupos que hemos constituido reproducen las estructuras sociales que traemos de nuestros países. Están las actividades cultas y las populares (la recepción en la embajada y el baile de las sirvientas, como definió un porteño), y parece existir una barrera difícil de derribar. Creo que nuestra colectividad en Finlandia, un país sin grandes diferencias sociales que brinda iguales oportunidades de educación, cultura y realización personal a todos sus habitantes, tenemos la obligación de tratar de superar así la herencia clasista que es la principal traba para el desarrollo de nuestro continente.