Una mujer con estilo propio: Claudia Heinonen de Amuchástegui

Desde la Provincia de Córdoba, Argentina, la entrevista:

¿Qué te gustaría contarnos sobre tu herencia cultural finlandesa?

Mi acervo cultural finlandés fue trasmitido básicamente por mis abuelos paternos. Ellos nacieron en Finlandia y se radicaron en Buenos aires en las primeras décadas del siglo pasado (1918 y 1923 respectivamente).

Fallecieron cuando tuve doce años y guardo algunos recuerdos como:
.- Asistíamos todos los fines de año a la “kermesse” a beneficio que organizaba la Iglesia finlandesa en Buenos Aires (calle San Juan). Lo mismo ocurría en la Iglesia sueca en Buenos Aires (calle Azopardo). Se vendían productos finlandeses que traía la embajada: comestibles típicos y adornos para la mesa navideña, cristalería, cuchillería, textiles, etc.

Durante aquellas tardes, para nosotros los niños, era tomar contacto visual, auditivo y gustativo de todo lo finlandés que podía ocurrir en Buenos Aires. Escuchar el idioma, alguna música o canto en la misa o saborear platillos típicos ofrecidos por las señoras de la colectividad, eran fiesta para todos nosotros. A pesar del calor, mi abuela, las otras señoras y la señora embajadora, lucían con alegría sus trajes folclóricos de gruesa lana engalanados con los adornos en plata de diseño Kalevala (broches, cadenas, cinturón) y sus preciosas blusas blancas.

Mi opción preferida a la hora del café eran los “pulla” (bollos de cardamomo) y el “näkkileipä” (pan de centeno crujiente).

Heredé de mi abuela su traje típico con falda a rayas en la gama de los naranjas atenuados que usé en mi adolescencia como jumper. Conservo los adornos en plata de diseños Kalevala y el “puko” (pequeño cuchillito curvo con su funda de cuero).

.- Rigurosamente, la familia ampliada (padres, abuelos y tíos) asistíamos los 6 de Diciembre al cocktail ofrecido por el señor embajador en su residencia con motivo de la celebración de la Independencia de Finlandia.
Fallecidos mis padres y dado los cambios introducidos durante las últimas gestiones de la embajada, no guardo ningún vínculo con la colonia finlandesa desde el año 2012.

Desde muy niña conocí en esas ocasiones la residencia en Belgrano (calle Olleros y Villanueva) y luego de adulta, y luego de casada, y luego con nuestros hijos se repetía el ritual en la nueva dirección en Acassuso. Me gustaba recorrer los salones y apreciar en detalle las pinturas de artistas finlandeses, ya que era la única ocasión de tomar contacto con el arte finlandés. Los paisajes nevados, los lagos rodeados de bosques… un estilo estético muy representativo de Finlandia. Asimismo era lindo apreciar algún adorno de cristal o de madera que se han hecho tan famosos internacionalmente.

Afortunadamente conservo de mis abuelos algunas pinturas de artistas finlandeses.
En una oportunidad llegó al país el reconocido maestro Arto Noras para participar en unos conciertos. Invitado por mis padres estuvo en casa junto con los embajadores y al día siguiente disfrutamos del concierto en el Teatro Coliseo. Considero que el sonido denso y profundo del violoncelo (que es el instrumento musical con el cual se luce el afamado artista) interpreta ajustadamente el ser finlandés y, asimismo, al paisaje invernal. Eso me transmitió el concierto ejecutado en algún año de la década del ’70 y que no olvidaré.

La misma emoción se siente al escuchar a Sibelius de quien prefiero el “Valse triste” Op. 44. Conservo del emblemático músico su firma manuscrita al pie de una nota de agradecimiento que envió a mi abuelo, en el año 1946. Asimismo guardo la firma manuscrita del héroe finlandés Mariscal Karl Mannerheim en otra nota de agradecimiento que envió a mi abuelo, en 1942.

.- Mi abuelo era un finlandés muy apegado a su país e inculcó a sus hijos el idioma y pretendió repetir la proeza con su nieta primogénita (quien suscribe). Me enseñó las frases de saludo y de cortesía habituales y a contar hasta cien. Me trajo de Finlandia un libro de lectura escolar con el cual aprenden a leer los niños finlandeses. Por supuesto que no avancé mucho ya que a esa edad no me interesaba un idioma desconocido que no hablaba nadie en mi país. Ya tenía suficiente con el alemán y el inglés del colegio. Sin embargo, disfrutaba mucho las ilustraciones coloridas del libro que reflejaban ciertas tradiciones y fiestas nacionales o religiosas.

.- Otras imágenes que quedaron muy grabadas en mi memoria fueron las que veía en las revistas que recibía mensualmente por correo mi abuela, Kotiliesi y Eeva. Me encantaba hojearlas y conocer los lugares de atractivo histórico, los bellísimos paisajes, las fisonomías, las costumbres, tradiciones, fiestas, decoraciones, diseños, manjares, etc. Diría que esas revistas dedicadas a los temas de interés para la mujer, contribuyeron enormemente a trasmitir tan sólo a través de las imágenes el modo de vida finlandés.

.- Conservo del hogar paterno de mi abuelo situado en Karjalohja, entre otros objetos, un trozo de una rama de abedul muy antigua, un baulito oval en madera muy rústico y una cubrecama al crochet que tiene la particularidad de estar confeccionada por mi bisabuela y por mis tías abuelas finlandesas en hilo de lino que fue cultivado en el solar citado e hilado en la rueca familiar. A diario las recuerdo al disfrutar de la preciosa prenda que instale en casa como cortina.

Las mismas hermanas de mi abuelo confeccionaron un tradicional “ryijy” nupcial con motivo del casamiento de mis padres. Estos tapices son emblemáticos de Finlandia. Lo conservo con mucho cariño.

.- Otros objetos procedentes de Finlandia y que me acompañan a diario son unos cuchillos de cocina y una chaira FISKARS, varias piezas de cristal moderno (ITALA) y lo que quedó de un juego de vajilla de porcelana ARABIA para 24 comensales encargado por mi abuelo con su monograma “EH” (años 1930-40).

Algunos de los objetos que heredé de mis abuelos

 

¿Viajaste al país de tus abuelos?

No he viajado a Finlandia y creo que no lo haré. Como un acto puramente simbólico, quería ingresar a Finlandia como ciudadana finlandesa. Un capricho sin sentido quizás, pero con la ilusión del sentido de pertenencia al país de mis orígenes, dado que la mitad de la sangre que corre por mis venas es finlandesa. Me fue denegada la ciudadanía con el justo argumento de que nací finlandesa y lo fui hasta mis 18 años, cosa que desconocía totalmente. La ciudadanía se perdió al no haber sido inscripta en la embajada antes de cumplir la mayoría de edad. Por lo tanto, me quedo con las imágenes del librito escolar y de las revistas de mi abuela…

Mi hija, su marido y sus tres hijos conocieron Helsinki y los alrededores en el año 2014. Fueron invitados por un amigo finlandés quien muy amablemente los alojó en su casa de la ciudad y en una cabaña en su propiedad frente a un lago. Tuvo oportunidad de conocer algunos lugares donde quedan placas en homenaje a su bisabuelo materno: la Casa de los Agrónomos, en Helsinki, donde hay un retrato de su benefactor Eino Heinonen, la Escuela Superior de Comercio, en Helsinki, que fue edificada con la ayuda de varios donantes, entre ellos, Eino Heinonen y la Domus Académica, también en Helsinki, donde hay una placa que dice: “Maanmiehemme kauppaneuvos Eino Heinonen on lahjoituksillaan mahdollistanut tämän rakennuksen pystyttämisen” (1949). (Eino Heinonen, nuestro asesor comercial, ha hecho posible erigir este edificio con sus donaciones).

Estás realizando una investigación sobre la familia Amuchástegui, la de tu esposo, en Córdoba,  ¿cómo avanzaste en ese trabajo?

Comencé con las investigaciones genealógicas de las ramas alemanas y vasca de mi marido en el año 2000 cuando residíamos en Lima, Perú. Seguí interesada en otros temas que fueron publicados, hasta que en el año 2013 inicié la investigación sobre mi propia familia. Con el título <<Heinonen Wiklund. Orígenes de una familia finlandesa establecida en Buenos Aires>> el trabajo fue editado en Buenos Aires en el año 2014 por la Editorial Armerías. Varios ejemplares fueron enviados por correo a algunos parientes en Karjalohja y en Karleby. Fue mi deseo ferviente hacer llegar un ejemplar a la biblioteca pública de Karjalohja ya que a mi abuelo le interesaban especialmente las bibliotecas habiendo contribuido con donaciones (1916). En la de su pueblo, especialmente hay publicaciones de su autoría publicadas con seudónimos desde 1911 hasta 1963. Fue cumplido mi deseo y logré ubicar un ejemplar en Karjalohja.

Asimismo hay un ejemplar en la biblioteca del Instituto de Migración de Finlandia (Suomen Siirtolaisuus Instituutti) desde febrero del año 2020.