Minea, una joven finlandesa audaz

¿Por qué viniste a la Argentina?

Para explicar cómo terminé en la Argentina, necesito empezar con mi nacimiento. Mi mamá es finlandesa, helsinkiana, y mi papá es italiano, de Roma. Creciendo entre esas dos culturas me sentí más identificada con la italiana, pero nunca del todo. Siempre había una pieza que no terminaba de encajar. Para los finlandeses yo era demasiado charlatana, desde el jardín de infantes mis maestras se quejaban de que no me quedaba callada; hacía demasiadas preguntas. Y eso, en el peor de los casos, es una falta de respeto allá; yo simplemente sentía que era demasiado todo. Además tuve historias feas con el bullying, así que a partir de los trece años empecé a mirar más allá de Europa. Decidí que quería irme de intercambio; con mi mamá armamos un plan para pagarlo, y a los casi diecisiete, me fui a vivir un año a Oaxaca, México, y me enamoré de Latinoamérica.

 

¿Cómo te sentís en la UBA? ¿Qué diferencias y/o semejanzas tuviste con tu experiencia universitaria en Finlandia?

 Vine a la Argentina hace más de siete años, en febrero 2014. Había conocido gente que me contaba del país y su nivel educativo. En ese momento planeaba estudiar Biología Marina en Costa Rica, pero la UBA terminó cerrando por todos lados – pública, de excelente calidad, y en una ciudad cosmopolita ¡alguna amiga me iba a hacer! – y terminé optando por la carrera de Licenciatura en Ciencias Biológicas, un tema que abarcaba casi todas las cosas que me encantaban desde chica.

Me siento excelente en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Hoy ya estoy en quinto año, la terminología que no conozco es muy escasa, y vivo con mi novio argentino que me ayuda, y además, ama tanto los animales como yo. No fue fácil, no estaba nada preparada al ritmo de estudio, como lo era cursar materias de 18 horas semanales y que el estudio no terminaba dentro del aula sino seguía en casa o en la biblioteca diariamente, y hasta entrada la  noche y la madrugada. Tampoco sabía qué era un examen final ni qué hacer en un laboratorio – por más que elogian el sistema educativo finlandés, en los últimos años tenemos mucha libertad de elección sobre qué cursamos, y no había cursado ninguna química o física adicional de las obligatorias, así que tampoco tenía mucha base científica aparte de la biología. Aprendí a los golpes, por momentos luché fuerte con mi salud mental, pero siempre me impresionó el nivel académico, profesores que parecían máquinas de conocimientos fascinantes y la libertad de elección entre orientaciones tan variadas. Hasta terminé dejando el lado marino por paleobiología. Exactas me recibió con los brazos abiertos, y de eso siempre estaré agradecida.

El programa de Biología es como vos esperabas o no. ¿Mejor o peor?

No tenía muchas expectativas en cuanto al programa de Biología, porque sabía que iba a ser variado – no se puede recibir de bióloga sin tener la menor idea de disciplinas como la ecología, botánica y evolución, sin olvidar la física, química y matemática. Las primeras materias son pesadas, pero cada vez la cursada se me hacía más agradable. La variedad de temas enriquece un montón el cerebro de una futura científica.

Con tus compañeros y profesores, ¿pudiste integrarte fácilmente?

La integración social tuvo sus altibajos. Fue un desafío personal enorme aprender cosas sutiles – los “códigos”, como les dicen – de la cursada y de las interacciones con compañeros. Conocer a mi novio en mi primer año fue de mucha ayuda para integrarme al mundo universitario en varios sentidos. A la par de aprender cómo manejarme en Exactas aprendía cómo manejarme en Argentina, dado que emigrar tiene sus propios desafíos más allá de lo académico. Pero siempre me sentí bienvenida. Después de las primeras curiosidades acerca de cómo terminé en la UBA, dejo de ser “la finlandesa” y paso a ser sencillamente Minea. Ser finlandesa seguro explica muchas cosas de mi personalidad, como lo es ser sincera y directa, aún con el riesgo de quedar “mal”, pero a veces es difícil discernir dónde terminan las diferencias culturales y dónde empieza mi personalidad.

 ¿Cuál es tu proyecto para después, cuando estés recibida?

En el contexto de ahora me es muy difícil proyectar para el futuro, pero no cierro ninguna puerta. Si tuviera que elegir ya, me quedaría en Argentina, porque me siento muy cómoda acá. Conectar con las personas es fácil, y siempre hay cosas para descubrir tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el resto del país. Observar cambios en las sociedades latinoamericanas, como son abrazar la identidad indígena o hablar acerca del rol de las mujeres y de la existencia de otras identidades, es hermoso. Hoy por hoy siento que hay muchísimas cosas que aún tengo para aprender de Latinoamérica, y no me siento preparada para dejar el continente atrás.

¿Algunos  hobbys?

Mi pasatiempo favorito es leer desde que tengo recuerdos. Ahora me aceptaron en un laboratorio que trabaja con la evolución de primates de Centro y Sudamérica, así que varío entre los libros científicos que me sirven para comprender conceptos y, libros de ficción para descansar el cerebro. Es lindo recordar que aún con tantos kilómetros viajados,  me quedan mundos enteros por descubrir.

 

Revista Fennia agradece la entrevista a Minea Benigni, quien es también la traductora del español al finés y viceversa, para nuestra Revista.