Te recuerdo Finlandia

Minea Benigni

Texto: Melissa Kuris

 

Un gran desafío a nivel cultural que afecta a los inmigrantes es lograr mantener vivas y transmitir sus tradiciones a las nuevas generaciones. A fin de remediar ese problema, la colectividad finlandesa en la Ciudad encontró una solución: la creación de una escuela que mediante diferentes actividades enseña a los jóvenes descendientes fragmentos de su cultura.

La Escuela Finlandesa consiste en un grupo de chicos de entre 3 y 9 años que se reúnen sábado por medio en la Iglesia Nórdica de Buenos Aires para hablar, jugar, leer y cocinar en finés. Quien dirige las actividades es Minea Benigni, una joven finlandesa que desde hace dos años se enamoró irremediablemente de Argentina.

En una entrevista con Conventillo Babel, comenta la importancia de la escuela y su labor para los niños que llevan a Finlandia en su sangre.


– ¿De qué modo las actividades ayudan con el acercamiento de los estudiantes a la cultura finlandesa?

– Todas las clases consisten en hacer algo creativo como dibujar, pintar o construir —hasta tuvimos clases de cocina— mientras charlamos sobre temas cuidadosamente elegidos, como las estaciones del año, fechas festivas y las diferencias entre la vida en Argentina y en Finlandia. Algunos niños conocen los dos países muy bien y participan con muchas ganas, mientras que otros no tienen tanto conocimiento y por lo tanto las clases les sirven como recordatorio y aprendizaje.


– ¿Qué criterio utilizan para seleccionar el material que le transmiten a los chicos?

– Para mí lo principal es ayudarlos a mantener sus lazos con Finlandia, que desde Argentina parece ser un país muy lejano y muy diferente en su vida cotidiana. Por eso, en las conversaciones es importante que todos participen, aunque sea con algo cortito. Cuando se distraen, jugamos a juegos tradicionales de allá. Estas elecciones son muy importantes porque es una de las principales fuentes que tienen para conocer y comprender mejor su herencia y contacto con Finlandia.


– ¿Qué rol cumplís en el acercamiento de los chicos con la cultura finlandesa?

– Siento que los niños me ven como una profesora diferente de las que encuentran en sus colegios. Dirijo los juegos, pero también participo, les hago preguntas y comentarios cuando charlamos, leo los libros y también les comparto mi punto de vista. Como fui criada en dos culturas (mamá finlandesa y papá italiano), quiero que se sientan unidos a esta parte de su herencia cultural en lugar de verlo como una obligación. Lo importante es que todos se sientan cómodos y que tengan ganas de aprender y entender mejor la parte finlandesa de su familia y de ellos mismos.


– ¿Sentís que hay un deseo propio de los chicos por aprender?

– Sí, se nota que se divierten aprendiendo y juntándose con otros de su mismo pasado y herencia cultural. El hecho de que se juntan a dibujar y a jugar entre ellos les ayuda. Aunque a veces, algunos no entienden todo cuando les hablo, se ayudan entre ellos y el simple hecho de escuchar palabras y frases en finés les recuerda que esta parte de su familia y sus vidas existe. Es muy lindo ver la emoción de los niños al llegar y aprender cada vez más cosas, por parte mía y de sus compañeros.

– ¿En qué momento el aprendizaje de los chicos se considera concluido?

– El progreso que hacen los niños es difícil de medir en puntajes y porcentajes. Consiste más en verlos disfrutar y compartir juntos, mientras van expandiendo su vocabulario y entendimiento de sus raíces. Me siento orgullosa cuando digo algo y todos me entienden y escuchan, aunque sea solo sobre qué juego jugar o qué regalo hacer para el día del padre. Es un aprendizaje que no tiene una meta específica. Las clases son un fin en sí mismo y siento que con eso les alcanza y sobra.

 

Revista Fennia agradece a la revista  Conventillo Babel, que nos permitió publicar su artículo.