dulce de narajas amargasdulce de narajas amargas

El sueño de todos los finlandeses es tener una casa de veraneo, “kesämökki”, situada en la orilla de un lago y rodeada de bosques. Durante muchos años mis padres alquilaron en Rymättylä, en el archipiélago de Turku, una pequeña casa roja llamada “Tonttula” o Casa de Gnomos.

En la orilla esperaba el bote de remo para salir a pescar, en aquella época abundaban los lucios y percas. Al lado de la casita teníamos la huerta y cruzando el camino estábamos en pleno bosque.

En la huerta siempre cultivábamos papas, zanahorias y rabanitos; arvejas y chauchas; cebollas, tomates y pepinos. Sin olvidar las hierbas: el eneldo, tan indispensable en la cocina finlandesa, el ciboulette y el perejil. De un año al otro quedaba en la tierra el kren, “piparjuuri”, del que sacábamos una parte de su raíz cuando en la cocina hacía falta algo picante.

Las verduras recogidas directamente de la propia huerta tienen un gusto especial. Un tomate que maduró en su planta bajo el sol de medianoche era, y sigue siendo para mí, más rico que cualquier fruta importada.

Las verduras que sobraban en el verano se conservaban para el invierno. En los veranos que pasé allí, comúnmente eran sepultadas entre capas de sal gruesa, o fermentadas como el chucrut y los pepinos en salmuera. Hoy en día es el freezer el conservador más utilizado.

En Argentina ya no tengo huerta, pero todos los años pido al verdulero que me traiga de su chacra, los últimos pequeños tomates verdes para prepararlos agridulces y tener más tarde algo especial para acompañar los platos de carne.

En Finlandia la gente puede juntar libremente todos los frutos que encuentren en el bosque. En los años buenos ¡crecen 200kg de setas comestibles para cada finlandés! No recuerdo que hayamos aprovechado alguna vez completamente esta oferta de la naturaleza, pero siempre llegamos del bosque con canastos cargados de boletus, míscalos y robellones.

Para el postre de cada día encontrábamos frutillas, frambuesas y arándanos nada más que cruzando el camino, pero para hacer dulce era necesario ir más lejos.

Recuerdo las veces que salimos con amigos en botes de remo hacia una isla desierta, donde sabíamos de un bosque lleno de “mustikka” o arándanos negros. Después de horas de recoger las bayas, volvimos a casa cansados pero contentos, con los canastos llenos, las manos y los dientes negros de tanto juntar y también de comer las dulces bayas. Al día siguiente en la cocina se llenaron los frascos con este dulce casi completamente negro, para ser abiertos en el invierno. Muchas comidas terminarían con un rico postre hecho con “mustikka”.

 

puolukka
puolukka
Cuando llegaba la época de los arándanos ya las clases en los colegios habían comenzado. Nunca pude juntar grandes cantidades de “puolukka”, pero trataba de conseguir un poco de estas bayas rojas para preparar “vesipuolukka” o arándanos en agua. Para los “vesipuolukka” se llenan botellas con arándanos que tienen que ser sanos y enteros, se les cubre con agua, se cierran las botellas y ya están listos para comer con azúcar durante todo el invierno. Los arándanos tienen un contenido tan alto de tanino que sin cocinar, y con o sin azúcar, aguantan bien hasta el verano siguiente. Hasta se puede cubrir con una capa de arándanos pisados el puré de manzanas, para evitar que se enmohezca. En aquellos tiempos la única mermelada que comprábamos era la de naranjas amargas de Sevilla. Ahora es la única mermelada que preparo yo misma. Las naranjas las bajo de los naranjos en un jardín amigo, o de los árboles tan verdes y llenos de pelotas anaranjadas que crecen en las veredas de Buenos Aires. Trato de encontrarlas en calles de poco tránsito.

Mermelada de naranjas

Naranjas amargas, 1kg
Limón, uno
Azúcar, 3 kg
Agua, 2 y ¼ litros
Lavar la fruta y exprimir las naranjas y el limón (guardar las semillas a un lado).
Cortar las cáscaras en tiras muy finas.
Poner las semillas en el cuarto litro y las cáscaras en los otros
2 litros de agua hasta el día siguiente.
Cocinar las cáscaras hasta que estén tiernas, aparte cocinar las
Semillas durante ½ hora, colarlas y agregar el agua a las cáscaras.


Agregar el azúcar y cocinar la mermelada, cuidando que no se queme, hasta llegar al punto deseado: cuando unas gotas de mermelada se solidifican casi enseguida sobre un plato en la heladera. Mientras tanto, hervir los frascos con sus tapas en agua durante 10 minutos y secarlos en el horno tibio.

Llenar los frascos con la mermelada, cerrarlos bien y dejarlos invertidos sobre las tapas durante 5 minutos.

Esta mermelada aguanta muchos meses en la alacena, si no la comen antes.

Saludos,
Kirsti Garff

Por admin